Aviso a vociferantes
(13-3-2019)
Imagen(*): wal_172619
1.
Hacemos tanto ruido los humanos
que se agitan los árboles.
El cielo protege su mirada
entre los cúmulos, los estratos y los cirros.
Nos queda mucho que aprender de la noche,
la no necesidad de abrir los brazos,
de agitarlos sin fin
para medirnos con las ramas del sauce.
Los pájaros no tienen interés
en nuestras cuitas
y dicen sabiamente
que los aspavientos son para los molinos.
2.
Una sencilla luz menguante
donde bañar el silencio
de las horas más tenues,
cuando el atardecer deriva su declive
hacia la soledad oscura
de una noche distinta cada noche.
Saber que no es preciso levantar
el tono del quejido
del manso pensamiento
que acierta a hacerse sueño
antes de que los ojos caigan
y el cansancio se encuentre con el cuerpo.
Esa hora es tan bella
que no usa de nombre,
la voz queda sumisa
sabiéndose segunda
bajo la quietud vieja de los astros.
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