De la reciprocidad necesaria de los cuerpos
(3-12-2018)
El genio les ofreció tres deseos.
Él y ella se miraron.
Les sobraron dos.
Ángel Saavedra
Nunca he querido preocuparte...
quizá ocuparte sí,
instarte a reparar
en la estación inútil que voy siendo,
sin tren ni pasajero, sin viaje
por esta piel vacía
donde no está tu tacto
puesto a besar la noche desatada.
Cómo saber si vives
prendido de la llama
con la que trato de alumbrar
las horas reincidentes
de este tiempo dormido,
invierno que ya empieza a crecer
y se anticipa.
Dime si esperas suceder
en esta dimensión de soledades.
no quiero que la luz
se me vaya quebrando entre los miedos
mientras los días ruedan,
impasibles, sin tu respiración
enredada en la mía.
Al amor no le basta
con mascullar tequieros entre dientes,
quiere la piel haciéndose en caricias,
deshaciéndose de fiebre entre las sábanas.
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