El amor es viento… es temblor

(17-6-2016)


Imagen(*):  analogicus

El amor es un viento salvaje... Cuando no creía en la posibilidad remota de que pudiera soplar, lo hizo, y arrasó con ese manto nevado de calma con el que había protegido mi piel para mantenerla fría ante la amenaza emocional, a la que guardo respeto porque tengo la certeza de que quema. Al cabo, la distancia con el amor que intento, es el recelo propio que produce lo que sienta precedente, y ya ha trazado surco en el cuerpo y en la vida y me ha desmoronado tantas veces como le ha sido posible, arañando lo más vulnerable que poseo: el miedo al abismo que representa todo inicio, el miedo a besar de nuevo, el miedo a desnudar el miedo, el miedo a que el miedo me desnude. Y entonces invento las palabras precisas y bellas que debo creer para desconfiar, para no escuchar lo inevitable, para no ver que el amor lleva un ritmo distinto al mío y no necesita mi conformidad para penetrarme el pecho. Él crea un tiempo que no se mide en horas porque invade todas las dimensiones conocidas y hasta las que nunca supe que existían y yo, torpe, aún me atrinchero en mi frágil refugio de cordura, como si su locura no fuera más que una brisa suave de verano, de las que se olvidan cuando llega el otoño, en lugar de un viento salvaje…

El amor es un temblor imprevisto… Cuando pensé haber cimentado la existencia para que ninguna decepción pudiera oscilarme el ánimo, el juicio, único asidero sensato que me quedaba, comenzó a remover el lodo que siempre arrastraron mis zapatos en un tremular que me hizo saber la verdadera pasta de la que está hecha mi naturaleza humana, y me quebré ante tus palabras de amor, sólo intuidas, y tu esquiva mirada de sencillo asombro por esta realidad incierta que soy, entre oleaje sereno de un mar lejano y arrebatada marejada de vino y deseo, desatado y desobediente, en desordenada tropelía de sentimientos. Al descubrirte, entonces me descubro y la pasión me arrastra hasta tu pecho como sacudida inesperada que, lejos de hacerme vacilar ante el estrépito que el terremoto amor desata, me inclina a reconocerte como hablante posible, como amante posible, como andante posible de una posible vida que es la mía, a expensas de los pasos inestables que provoca ese temblor imprevisto…

Y en esto ando cuando sé que ya no hay vuelta, ni retorno, ni giro, ni regreso posibles, pues eres ese viento desatado que ha entrado en mi vida para airear las heridas y que ya no duelan porque no existan, mientras haces temblar el imprevisto anhelo de mi cuerpo. Te beso todo lo besable, amor...



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