Nadie me hirió
(12-12-2016)
Prólogo (a una antología literaria publicada en Noviembre de 2016)
Nadie me hirió porque ya estaba herido el pensamiento y el ser que lo
contiene, porque la vida duele como parto con el hijo de nalgas, insistiendo
por venir al mundo en la postura incómoda que emula la existencia misma del ser
humano destinado a ser vivo. El daño ya está hecho cuando al abrir los ojos una
desconocida luz nos quiebra la retina, acostumbrada durante nueve meses al
sueño y la penumbra. Es ese instante injusto el que condena a un instante y
otro instante, en una sucesión indefinida de tiempos que a su vez definen el
misterio mismo del aliento. Vivir mata como el tabaco y, no obstante, matamos
por mantenernos a salvo y respirando, como si en realidad nos fuera en ello la
vida. Y así es que las razones se encuentran a sí mismas sin necesidad de andar
justificando…que porque si no se acabaría el mundo…que porque por amor o por
deseo o por abuso nos hicieron un varón y una hembra con conciencia o sin
ella…que porque esto es un camino de espinas que nos lleva al prometido
paraíso…que porque es ley de vida…No pedimos nacer...simplemente nos nacen…
¿qué demonios importan entonces los motivos? Somos la consecuencia previsible
del primitivo instinto de conservar la especie, pero también del deseo que
habita en los dos cuerpos que buscan el encuentro al saberse limitados y
únicos, en arrojado intento de mitigar el peor y el más incurable de los
males…la soledad humana. Shakespeare equivocó la duda, porque el asunto aquí no
es ser o no ser…sino estar o no estar…SOLOS…El ser humano se sabe escindido de
todo aquello que excede de esa frontera geográfica que la piel determina y
aprende a rendirse a esta evidencia, como lo hace ante la inevitable muerte,
con la ayuda cómplice de la mentira que se despliega como las alas de una
mariposa en multitud de formas y colores. Es así como nos engañamos sin remedio
buscando en otro ser aquello que nos falta bajo el pretexto ingenuo de
regalarle un poco de aquello que nos sobra, y todo para seguir negando que no
es de exceso ni de falta el problema sino de imposibilidad de sentir lo que
siente otra mente y otro cuerpo. Porque sí, de eso se trata…de que acabamos
donde empieza el mundo…donde empieza otra piel que no es la nuestra…donde se
abre el abismo de ser todo lo que nadie más ha sido ni será nunca. Qué puede
haber más triste que nacer y morir solos, decidir solos, amar solos…
…y es esta constatación
catastrofista la que nos hace inventar la palabra…el Verbo que fue, en un
principio, y que era Dios, porque no hay nada más divino que el Verbo mismo.
Por fin una certeza ante la incertidumbre de no saber qué ni quiénes somos,
escindidos del mundo como estamos: SOMOS LENGUAJE…
…lenguaje que se inventa y se reinventa en su propio jugo, lenguaje que
nos vincula, lenguaje que también, a ratos, nos aleja, lenguaje que vive en la
boca de hombres y mujeres, lenguaje que habita en la cabeza que piensa,
lenguaje para afirmarnos y negarnos, lenguaje que es condición humana por
naturaleza, lenguaje como cauce de río por el que fluyen las aguas del saber
humano…pero también lenguaje para crear belleza…Y es entonces que volvemos al principio, a ese tiempo sin
horas, cuando el Verbo se hizo poema…y de los labios pasó al papel en blanco.
Pretender con la razón que hay algo de verdad en la ficcional
literatura es tan innecesario como querer explicar la existencia del alma…la
creación literaria es una realidad en sí misma, tan cierta o tan incierta, como
la credibilidad artificial de sentir que somos en el otro, como la necesidad
que tengamos de escapar de la perpetua soledad por la que navegamos a expensas
de los vientos que nos soplan. Leemos…y entonces existimos más allá de esa piel
exclusiva que es condena, y los límites del ser desaparecen porque no son
precisos en ese otro espacio que tiene vida propia, sin que sea lo que llamamos
vida. “Estar o no estar… solos” deja de ser tragedia frente a la falaz otredad
del ser que existe sólo mientras lo estás leyendo, porque eso sí que es
trágico…no ser hasta que te pronuncian con los ojos que recorren las letras que
contienen tu nombre…
…lectura, al fin, como acto de amor que recrea lo que ha sido creado
por otro ser que busca, a su manera, lo mismo que el resto de los
seres…sentirse menos solo. Toda página escrita implica un algo que trasciende
desde un humano a otro humano y, en esa transferencia de palabras, pareciera
que van también los cuerpos con sus mentes, en una travesía con pretensión de
hospedarse para siempre en el confortable lugar de una memoria ajena…Y es ahí
donde inicia el prodigio que, como todo buen milagro que se precie, debe ser
imposible pero deseado hasta el punto de creerse veraz a un mismo tiempo. Y es
así que sucede el Verbo literario, de la esperanza y la necesidad del ser
humano que busca identidad a través de las identidades de los otros…Y es de
este modo que el milagro se cumple porque no puede ni debe ser explicado con
razones, es un acto de fe que exige de radical ceguera, pues se trata de creer
sin haber visto que un fragmento de un ser que escribe comenzó a tener vida en
otra vida, la del ser que lo hizo suyo en la lectura.
Nadie me hirió porque mi entendimiento ya estaba herido de muerte ante
una soledad irresoluble, pero el amor se hizo con la palabra en tal medida que
decidí creer mi propio engaño, esa ilusión de contener al otro como envase
dispuesto a cualquier cosa con tal de no ser uno, solo e impenetrable. Y el
Verbo se hizo arte y habitó entre nosotros, y dio origen, entre otras
creaciones posibles, a las páginas de este libro que naufragó en tus manos,
hojas escritas ávidas de ser en quien se atreva a leerlas, en quien las vulnere
desde su mismo infierno...en quien las quiera bien, o mal las quiera, en quien
consigan la ansiada trascendencia como si se tratara del paraíso mismo…
…letras son que vuelan y se enredan entre los pensamientos, removiendo
los días y sus horas, desafiando al tiempo y al destino al cruzarse a los pies
del osado lector como las hojas secas del otoño…porque quien lee sabe que está
arriesgando a lo menos su voluntad, su juicio, su criterio, a lo más su
corazón, neurálgico hogar imaginario donde las emociones permanecen a
salvo…letras son que buscan realizarse, vivir a expensas de una complicidad que
garantice su supervivencia en ti, que le abres las puertas de tu casa por la
necesidad recíproca y tan humana de ser y estar acompañados…
…a ti, que leerás las páginas que siguen, te pongo sobre aviso: las
palabras no son aire y van al aire, como una vez se dijo de los suspiros, las
palabras sí hieren y llegan para quedarse…
Comentarios
Publicar un comentario