Porque en la vida no hay tregua
(12-12-2018)
Imagen(*): Vika_Glitter
Presentación del libro de Ángel
Hurtado, Utopía Furtiva
(Poesía Volante, núm. 29,
noviembre de 2018).
Con mi agradecimiento por su
amable invitación...
Alguna vez me había dicho Ángel
que le iba más a la prosa que al verso. Era verdad, aunque lo que no he sabido
hasta ahora, en este extraordinario azar de mi lectura de “Utopía Furtiva”, es
que cuando decía prosa se refería a poesía escrita sin la mordaza de la
versificación, y con el libre albedrío de la línea continua, constante, que
acaba cuando la idea se agota y no cuando aparece el precipicio en blanco que
acota el verso a fin de mantener un ritmo tácito en eso que llamamos verso
libre, aunque lo sea sólo a medias. Ahora también comprendo por qué Ángel
escribe versos tan largos en los poemas que no son en prosa.
Huelga aclarar a aquellos que
conozcan su escritura que hay un largo aliento en su cabeza que precisa de una
voz prolongada que pueda cabalgar a campo abierto por la página en blanco. Eso
es precisamente la utopía, una vasta extensión por delante de la vista sobre la
que ir construyendo la existencia a sabiendas de que no será lo que se espera
de ella, porque la realidad y el deseo no suelen encontrarse con frecuencia,
como nos revela al afirmar: “Me he defraudado tantas veces que jamás me cansaré
de defraudar al mundo” (p.8). No obstante, la utopía es tan precisamente
necesaria que no es posible la vida sin el afán de mejorar el estado de las
cosas, de mejorarnos, siendo así que somos seres naturalmente imperfectos en
una jungla difícil, hostil y desamable. ¡Qué sería del triste acontecer humano
si no tuviéramos una mirada capaz de esperar lo inesperable y de retar a la
muerte aun sabiendo que es batalla perdida!
La utopía de Ángel Hurtado se
construye sobre dos ejes de la cotidianidad: el de los seres que se buscan pero
que se encuentran de manera sesgada, limitados por su existir escindido y por
el tiempo que decide cuándo empiezan y cuándo acaban el amor, el encuentro, la
noche, la historia, la vida; y el de las relaciones que devienen de nuestro
acontecer político y social en el mundo.
El primero busca la posibilidad
de ser en el otro de manera total y aun parcialmente, la cual es, desde su
misma concepción, inalcanzable y se constata en cada soledad que brota de los
cuerpos. Nos lo hace saber de tal manera: “Cada quién su invierno, su frío, sus
alas, sus besos, sus heridas, sus lastres, sus costuras, su manera de matar y
de morir… Cada cual con sus delirios, sus revoluciones y utopías, su Jesucristo
y su Carlos Marx, su bien y su mal, su mentira y su verdad, su percepción, su
interpretación” (p.8). Ni siquiera el amor logra el milagro de convertir el
roce y la caricia en la ansiada penetración entre los seres y su pensamiento
porque cada quien es más allá del otro, y así nos dice: “Si decides quedarte,
hazlo sabiendo que no nací el día que te conocí ni moriré cuando te vayas”
(p.20). No ser más allá de lo que somos en la piel ajena convierte en vano
intento la posibilidad de traspasar el umbral del íntimo deseo de cada cuerpo.
El segundo eje sobre el que el
autor construye esta utópica voz poética nos hace partícipes de su dolor de
mundo, de su inconformidad explícita y abierta con la injusticia humana que se
traduce en sangre, en muerte, en degradación, en sufrimiento. Es un saber
inequívoco acerca de nuestra condición monstruosa que nos lleva al desastre, un
horror que puede ser medido en una cifra que todas y todos conocemos y que se
multiplica a medida que transcurre el silencio político, el vacío en el que
quedan los cuerpos ultrajados y desaparecidos:
"…43 veces, 43 voces, 43
vidas, 43 almas, 43 sueños robados, 43 utopías, 43 gritos, 43 silencios, 43
futuros, 43 pasados, 43 presentes, 43 signos de interrogación, 43 tumbas sin
cuerpo, 43 preguntas, , 43 miedos, 43 injusticias infinitas, 43 ya basta, 43 millones
de lágrimas, 43 familias incompletas, 43 pasos a la muerte, 43 a la vida, 43 a
la historia, 43 nudos en la garganta…" (p.4).
“43” se convierte, entonces, en
el número de la infinitud de escarnios padecidos por las víctimas del odio y la
miseria humanos, en una sucesión históricamente inacabable, como un maldito
sino que viene a reforzar el utópico anhelo de una pacífica y justa existencia
por la que tantos brazos conocidos y desconocidos han luchado:
"Grito por la mano
confundida del compañero que me apuñaló, grito por la chica que me defendió con
su cuerpo para que no pudieran arrancarme la vida, grito por mi abuelo
acribillado en la plaza de Tlatelolco en el 68, por los campesinos de Aguas
Blancas, por los estudiantes argentinos y por sus madres, las locas de la Plaza
de Mayo, por el 11 de Septiembre, ése donde se cargaron a Salvador Allende, a
Víctor Jara, a Neruda y a miles de chilenos".(p.26)
Toda utopía, furtiva o no,
contiene una esperanza implícita que la hace ser válida con el paso del tiempo.
Es condición indispensable del ser utópico la conciencia de insatisfacción del
deseo pero también la lucha que no cede ante esta certeza. Necesitamos creer
aunque no haya respuesta, aunque nada se cumpla, aunque el horizonte retroceda
con cada iniciativa. Es el modo en que la inconformidad nos abraza para que no
cejemos y para hacernos sentir que estamos vivos. Nada mejor que un sueño
inalcanzable hacia el que conducir los pasos: “Y, ¿que a qué se debe todo
esto?/ A que sigo soñando, a que perdí mil besos por no saber decir «te
necesito»…” (p.25).
En lo que se refiere a aspectos
formales, además de reseñar la exactitud, la firmeza y la claridad de su
palabra poética, debo señalar la destacable impronta que ha dejado Joaquín
Sabina en su vocabulario que, he de decir, me resuena bien adentro por lo que
de familiar tiene para mí y porque, a la distancia de la tierra de origen, me
roza la emoción. Ya se sabe que cada lector o lectora habla de la feria según
le va en ella, y a mí, particularmente, me deja un regusto a universo afín, a
palabra cercana, a recuerdos felices.
Gracias, Ángel, por estas
reflexiones que me llevo, que me dejan pensando, que me animan a seguir
queriendo dejarme la voz, la piel y el corazón en el intento…
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