Semanario de urgencias
(5-11-2018)
Caravana al infierno
Donald Trump calificó días atrás, a través de los medios de
comunicación,
de "horda invasora" a la caravana migrante que
atraviesa Centroamérica
y se dirige a Estados Unidos.
Hablar de migraciones en tiempos
de un capitalismo brutal y despiadado que lucha violentamente, no sólo contra
otros posibles sistemas económicos de colaboración social sostenibles y
alternativos, sino contra todo lo que se mueva (aquello o aquell@s, ya sea que
lo cuestionen o representen una supuesta amenaza para la estabilidad de unos
pocos privilegiados y enriquecidos a costa de la precariedad de los otros), se
torna imprescindible, en tanto que se ha convertido en un fenómeno frecuente a
lo largo y ancho del planeta por parte de quienes huyen del hambre, la guerra,
los regímenes totalitarios, los rigores del cambio climático…
Estos días hemos conocido a
través de los medios de comunicación el acontecimiento de la Caravana Migrante
que ha emprendido una larga travesía, originalmente desde Honduras hacia el
norte, con la intención de llegar a Estados Unidos (ese país “solidario” y
“acogedor” donde los haya), a la cual se han ido sumando otros participantes de
países centroamericanos vecinos como Guatemala y El Salvador, y hay fuentes que
aseguran que ya no es una sola caravana sino cuatro las que están avanzando
hacia “la tierra de promisión” en un éxodo que recuerda al bíblico
protagonizado por el pueblo judío. Es significativo el hecho de que tal
acontecimiento esté sucediendo justo en un momento en el que las políticas
norteamericanas en materia de migración estén en un punto álgido de
intolerancia y rechazo al otr@ con obvia y elocuente saña, personificada en la
figura de Donald Trump, quien, finalmente, no es más que un pelele al servicio
de un Sistema que cada día pone en evidencia su incapacidad para solucionar los
problemas que él mismo provoca.
Este movimiento migratorio de
personas empobrecidas y sometidas de muchos modos, provenientes de naciones
sobre las que Estados Unidos ejerce un control político y económico implacable,
curiosamente, busca una salida a la situación límite en la que vive depositando
una ingenua, por no decir ciegamente inexplicable, esperanza en el mismo país
que precisamente produce tan devastadora explotación sobre sus riquezas
naturales, sus sistemas de gobierno, sus libertades, y su potencial humano, y
que propicia o, más aún, que provoca en buena medida, con sus políticas
abusivas, la circunstancia desesperada de la que huyen.
Además de lo que significa dicho
desplazamiento masivo y semiorganizado de personas recorriendo vastas
extensiones de territorio peligroso y hostil en muchos sentidos, hecho que debe
hacernos pensar en la tragedia humana que hay detrás de la difícil decisión de
abandonar la tierra conocida para alcanzar un destino ignorado y desamable, no
debemos perder de vista la inevitable consideración de que algo muy grave está
pasando en nuestras cabezas de ciudadanos subyugados al poder mediático, algo
que permite crear tan falsa expectativa a cientos de personas que se lanzan,
pase lo que pase (y lo que va a pasar, casi con toda seguridad, es que no van a
alcanzar la tierra que “mana leche y miel”) a la aventura triste de creer que,
en ese norte económicamente y políticamente feroz e ideológicamente
destructivo, encontrarán la próspera felicidad que se les niega en sus países
de origen. Eso sí que es salirse de Guatemala para meterse en “guatepeor”, con
todos mis respetos para el pueblo guatemalteco que lleva siglos padeciendo los
rigores de las políticas intervencionistas de las potencias mundiales,
principalmente la de los vecinos norteños.
A la vista de tan desquiciados
acontecimientos, parece haber llegado el momento de hacer piña humana de parte
de todas y todos l@s que estamos del otro lado, y contra el abuso y la
arbitrariedad hegemónicos de un capitalismo que hace aguas y trata de
sobrevivir a sus propios desmanes, a partir de iniciativas limpias y
contundentes de asociación civil, para crear propuestas de lucha organizada y
productiva que permitan una supervivencia digna y sustentable en un planeta que
cada día da la voz de alarma ante la explotación de recursos naturales y
humanos en beneficio de unas cuantas bocas sobrealimentadas y deshonestamente
insolidarias e injustas. Seamos caravana que camine hacia un pacífico destino
donde no existan explotadores ni explotados, desde el reparto equitativo de los
bienes y el respeto a la Madre Tierra y a todos los seres que la habitan. Ése
es el gran reto que, a riesgo de parecer imposible, debe hacernos avanzar cada
jornada, sin excusas, con determinación.
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