Setenta versos inútiles para recordarte que te quiero

(20-4-2016)



Imagen(*): naturezarelaxante


madrugada de un viernes
5 a.m.
24 grados a la sombra
25 a la luz de una farola trémula
—esquina sucia de una cerrada en obras
húmeda de orines y condones desiertos
caguamas de cerveza sin cerveza
vacías de alcohol
vacías de borrachos sin erario
dormidos en los bancos oficiales
de una plaza en penumbra
uno sueña gemidos con los labios quebrados
de derrota  casi llora palabras
que sólo la mugre de sus pies comprendería
si pudiera estar sobria
grupos de gentes en retirada lenta
ríen a expensas de unos tragos corruptos
y una mota fumada por rutina
en el antro de siempre —el de un amigo

perros urbanos pordioseros
codiciando deshechos
disputan a una gata preñada
medio hot dog perdido
los semáforos arden horas extraordinarias
para los taxis que hoy están de turno
y los que perderán la vida y no lo saben
camiones de riego limpiando los despojos
de este día que ha sido
borran las señas de un pedazo
de tiempo que no importa
salpican las aceras
donde las últimas fulanas de esta noche
se apuran para el último servicio
antes de que el día las desprecie

una muchacha llora en la puerta trasera
de un edificio que alguna vez fue blanco
su amiga absoluta la acaricia
insultante de rostro y de palabra
contra una sombra indiferente que camina

  –secuencia suspendida–

un coche para sordos
escupe los 40 principales
y unas voces violentas las sorprenden

  güera  estás para cogerte

la amiga las afrenta con un gesto
de brazo conocido
y luego vuelve al duelo sin palabras

una ambulancia fluye enmudecida
respetando el sueño en lo posible
  —los ojos en vigilia
  sufren silentes sus luces circulares
  con un presagio de accidente o muerte

los pocos transeúntes de las seis
son las parejas
amándose en las calles peatonales
y los que vuelven lentos a sus casas
por atrasar la hora de llegada
sin licencia unos
otros sin compañía
  —me pregunto a cuál de estos dos tipos pertenezco

paso por un café con nombre de deporte
y huele a chocolate
caliente como el deseo de ti que me acompaña
que te piensa sin ropa
en una cama ajena
hombre soy  —árbol sin paraíso —
también en esta noche
más sola y más amarga
que el resto de las noches
de este mes de julio sin tu cuerpo



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