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Reescrituras

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Imagen(*):  Tilixia_Summer Manual de supervivencia en tres pasos (indagación, constancia, refugio) Te he sentido llorar: no sé a quién lloras. Hay un humo distante, un tren que, acaso, vuelve mientras dices: Soy tu propio dolor, déjame amarte. Luis Rosales I.  Las lágrimas tienen un eco sórdido. No es un simple lamento  el rastro de sonido que dejan en el aire, es más quejido seco,  estrecho, que no deja lugar  por donde puedan transitar certezas, algo de luz que ayude a descifrar  el centro del dolor,  menos, quizás, su origen. II. Demasiada es la bruma que ha dejado la niebla  como humareda lenta, adormecida, de una estación antigua  a la que ya no acuden vagones ni viajeros pero que aún respira,  con estertores frágiles, el olor, los sonidos. III. A falta de ternura, buscar la mano pródiga en caricias, acudir al calor que deshace la nieve de tanto acontecer nefasto acumulado, burlar el temporal de este plazo inclemente, cuando lo...

Antipereza

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  Nicanor Parra No quiero acostumbrarme a la herida, ¿sabes?, a la hendidura fácil, recurrente, que infecta la piel y, más adentro, una calma difícil en tiempos de miseria, de pobreza carnal (la más inhóspita de todas las pobrezas), ahora que las caricias pasaron a engrosar la lista de los miedos y de las prohibiciones.  No quiero acostumbrarme, no –te digo–, al daño gratuito que nace de los pozos del hambre, oscuros, anaerobios, de aquellas crueldades que, siendo tan humanas, podríamos evitar humanamente, dotados, como estamos, de razón, de ingente voluntad, de cierta compasión para las ocasiones en las que procurar la ternura, ante la rota condición que nos asiste, se vuelve compromiso, pacto tácito que honra nuestra naturaleza más noble frente a la incoherencia que también nos define y, a ratos, nos arrastra a la traición de lo que, entre tanta indecente ruina, merecería estar a salvo del beso de las llamas.  No quiero acostumbrarme al doloroso ruido de la ofensa, de l...

A contramar

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...tal vez la única realidad que existe  es aquella que se ve entre las lágrimas... Raúl Zurita Somos un cierto llanto, agua que se derrama y limpia como una lluvia amarga, pero fresca también, el ánimo maltrecho y su residuo. (Cada quien navegando su marejada inmensa: sol que apenas despunta, lejanamente el agua enmudecida, intangibles las brumas que, como una espesura amilanada, no osan disiparse) Cómo saber cuánto dolor anida  en los reptiles páramos de otro cuerpo.  Sólo cabe el sigilo,  la delicada dádiva de la compañía que, lejos de cualquier exigencia,  brinde serenidad y alumbre confianza  contra la rancia almendra del sile ncio. Carente de abrigo humano, cómo será el invierno en esta isla de solitaria arena –mar en penumbra–, donde no quedan ya más fuerzas... ni más lágrimas.  

Apocalípticos y segregados

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Imagen(*): Inkirra A veces decidimos los desgarros. A conciencia y con denodada fe nos sentenciamos  sin que el pulso nos tiemble, quién sabe si arrastrados  por algún mal consejo, un oído prestado al enemigo. Sabemos escoger con cierta ceremonia dónde clavar el frío del invierno, dispuestos a volcar  la herrumbre más amarga  sobre la sed de albergue. Quebrancía de aliento que daba ritmo al paso... No hallo razón ni alcance alguno que exima de traición a la daga, cómo quitarle hierro  al dardo envenenado, cómo docilidad  al desacierto. (Sobreviene, entonces, el hastío, el páramo, el abismo, la riada)  (*) https://pixabay.com/es/service/license-summary/

Perfil de naufragios

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Imagen(*): 12222786 ¡Ser, y no ser más nosotros! Fernando Pessoa A la sirena de todas las marejadas... A la conspiradora de todas las tormentas. I. Esos dorados tibios, crepusculares, nos avisan de un mar  que va cediendo al cansancio de sol,  de bañistas procaces, de un día extenso que desgastó la arena con el ir y venir de un oleaje que nunca acaba  de conocer la playa. Habrá otro mar mañana ... pero no será el mismo. II. No era tu mar.  Ni siquiera el rumor preso en la humedad del aire era para tu oído... Confundiste el eco de tu deseo con el amor del agua que late sigiloso en el vientre plácido del océano.   III. Se te quebró el azar. No debiste albergarlo  entre tus dedos a merced de las olas  y la ambiciosa fiebre del salitre. Es el veneno-mar ajustando las cuentas al temporal-antídoto soberbio. (*) https://pixabay.com/es/service/license-summary/

Encuentro

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Imagen(*):   강춘성   (Kang Cheun-seong) Estamos tú y yo,  por esta vez desnudos frente a frente,   cuerpos desconocidos indagando  el modo de aprehenderse... Entre tanto silencio funerario,  aderezado con un temor baldío  que pesa como cielo plomizo, nos descubrimos hoy un poco menos solos, convertido tu ser en razón perentoria y el mío en sostén de un tiempo detenido, en el que la verdad reside en el anhelo. Nos miro... tan callados los besos pero tan fieles a ese querer sencillo de los cuerpos... ¡Qué desnudos estamos! (*) https://pixabay.com/es/service/license-summary/

Recogimiento

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Imagen(*) : waldryano ...y a mí sólo me importa hablar contigo, hablar contigo ahora como el agua se coge entre las manos... Luis Rosales La intimidad no es asunto menor. Es prioridad y signo de un confiar salubre en el valor del devenir compuesto por dos seres que escuchan y contrastan costumbres cuando la confidencia campa –ancha es la vida– entre las personales formas de revelar recuerdos. ¿Acaso va pregonando la flor los pormenores que acontecen en sus estambres o en su gineceo, esa fecundidad amorosa que celebra la perfección de la existencia cíclica?  ¿Anuncia tal vez la primavera las yemas primerizas de los árboles vociferando el inminente verde por las esquinas de las alamedas? Así la cosa nuestra debe guarecerse persiguiendo recintos donde el querer se amase entre visillos. Es nuestro el cielo cuando el sigilo se desnuda sabiéndose a resguardo del indiscreto viento que todo lo comparte, atentos como están los oídos secuaces a la insidia.  Busquemos el instante para cr...