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Soneta (algo entre el soneto y la sonata)

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Imagen modificada(*): 5137721 Prometo no aburrir, quiero ser breve, que para decir que el ser humano errado ha mochado árboles, muerto a los peces, vaciado la hielera de los polos,   violado leyes, despojado a destajo del norte al sur del orbe—tú me entiendes—, y para que los que mandan no posterguen lo de “antes de morir mejor menguar”,   me ha bastado con estos dos cuartetos. Puedo aprovechar para mandar saludos a mi prima que me estará leyendo   y a las amigas mías del Instituto ―como quiera que es soneta y no soneto mezclé de once y doce sin escrúpulo―.     (Adenda: Estos catorce versos libertinos riman en asonante cuando atino ) Y ahora, el poema...  Julio Cortázar (*)  https://pixabay.com/es/service/license-summary/

Ruegos y preguntas

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Gloria Gervitz  Desnudamente vamos rodando entre las sombras gélidas de la incógnita, preguntándonos cuál es nuestro sedimento en esta tierra, dónde anidar la frágil osamenta a resguardo de las alimañas y los desorientados huracanes que golpean el perfil sereno de la sangre.  Hay orfandades viejas como estrellas que hicieron poso ya en el oscuro cielo de las dudas. L os brazos no han encontrado todavía la natural destreza de los labios para reconciliar la piel con su desdicha y así el temblor persiste sin un plácido lecho donde la inercia logre romper la mortal danza que se retroalimenta con la inmediatez de la pereza. Desisten los afanes de su invierno a falta de una mirada extensa y un luego acontecible en el que poner pie y labrar el misterio frondoso del deseo, silenciosamente se desvanece el crujido de aquel rescoldo cálido, más constante, que mantiene encendidas las palabras. Vivimos un despojo de verdades que no responde a tregua ni concede el menor beneficio a tanta co...

Contracorriente...

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en este suelo negro braceamos contra la corriente  Esdras Parra cansa nadar  tropezando  toda vez  con el obituario del océano

Velaciones

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  Ángeles Munuera No es cándido caminar a tientas por la orilla  sin constantes vitales, cuando no hay gaviotas  ni señas de naufragios ni algas ni cometas en la marina del óleo más vacío.  Desde que nos calzamos la vigilia, no ha transcurrido un solo mar ufano o serenísimo, pero los pies persisten, siguen confiando sus huellas al inestable lecho de la arena. No es esperanza ingenua este impulso tenaz sino coraje, puro coraje franqueando el desierto.  

Semanario de urgencias

  Tiburón y el animal más fiero (segundas consideraciones anticlímax)   Las mandíbulas se cerraron de golpe alrededor de su torso, aplastando huesos, carne y órganos y convirtiéndolos en gelatina. El pez, con el cuerpo de la mujer en su boca, cayó de nuevo al agua con un atronador chapoteo, salpicando espuma, sangre y fosforescencia en una lluvia multicolor. Bajo la superficie, el pez agitó su cabeza de un lado a otro, mientras sus colmillos triangulares serraban los pocos cartílagos que aún resistían. El cadáver se hizo pedazos. El pez tragó y luego giró para continuar alimentándose. Su cerebro aún seguía recibiendo las señales de presa cercana. El agua estaba moteada con sangre y jirones de carne y el pez no podía distinguir por las señales lo que las producía. Atravesó una y otra vez la nube de sangre que se iba disipando, abriendo y cerrando la boca encontrando de vez en cuando algún bocado. Pero, por aquel entonces, la mayor parte de los trozos del cuerpo se habían di...

Involución

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Imagen(*): jennyfriedrich En el decenio que siguió a la crisis se notó la declinación del coeficiente de ternura en todos los países considerados o sea tu país mí país... Juan Gelman Cuando se agrieta el mundo  cunde la hostilidad  como una mala lengua  cuya saliva ácida diluye  cualquier delicadeza que arriesgue  nuestra materia frágil  tan liviana, proliferan puños en las arenas  de las mordazas ancestrales. La ternura se agosta  en el parterre árido del miedo, entre la impunidad de la maleza. (*) https://pixabay.com/es/service/license-summary/

Negacionismo

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Imagen(*): Prawny Donde veas que el látigo o la espada se levantan, que la prisión redobla sus cerrojos, que los fusiles amenazan muerte, acércate y, a pecho descubierto, lanza un tremendo NO que salve al mundo. Ángela Figuera Aymerich  ¿Qué esperan que les diga? ¿Qué debería escribir  para que sus oídos  se humedezcan?  ¿Que lo que le conviene a este deshilachado mundo  que nos están dejando es armarse de inquina hasta los dientes  y de arsenales de violencia? No me oirán decirlo, su reino no es de mi mundo. ¿Qué tal si se hiciera el desarme —rotos como estamos, quebrados de conciencia, con la médula enferma por la desilusión de la injusticia— para, por fin, armarnos de palabras veraces y de cabezas limpias donde pueda brotar, como flora salvaje la compasión humana, su faz decente? No habrá labios sellados ni indulgencia posible mientras revienta la masacre de la que los fusiles se alimentan: un planeta arruinado, hambre, dolor y esa miseria lenta, sosten...